El kalanchoe calandiva («kalanchoe blossfeldiana») es una planta suculenta originaria de Madagascar que puede alcanzar los 35 cm altura. Sus hojas carnosas son de un brillante color verde oscuro y de los pequeños tallos surgen numerosos ramilletes de flores que pueden ser rojas, rosas, amarillas, naranjas, fucsias o blancas según la variedad.
Es una planta de interior aunque se puede cultivar en el exterior en zonas cálidas, ya que no soporta temperaturas inferiores a 10°. Por lo demás requiere pocos cuidados, de modo que es una planta muy común en nuestras casas.
El kalanchoe necesita mucha luz, y aunque tolera algo de sol directo, en exceso puede quemar las hojas; suelos poco compactos, bien drenados y poco riego, hay que esperar a que se seque un poco el sustrato porque es muy sensible a los encharcamientos que pueden pudrir la planta.
Se multiplica por esquejes y su floración es de otoño a primavera, aunque en las floristerías podemos encontrarlos durante todo el año. Cuando lo tenemos en casa para que vuelva a florecer en la siguiente temporada es necesario que en invierno tenga algo de fresco, poco riego y mucha oscuridad, por lo menos doce horas al día, ya que es una planta de las llamadas «de días cortos» y de este modo se vuelve a adaptar a su ritmo natural. Y por supuesto es importante eliminar las flores secas para que nuestro kalanchoe se mantenga sano y bonito.

Como curiosidad (etimología):
El kalanchoe parece que debe su nombre a unas antiguas palabras indias y por su parte «blossfeldiana» es en honor a un distribuidor de plantas alemán llamado Robert Blossfeld.

