«Ella se sentó suavemente en la silla del café Comercial igual que lo hiciera veinte años atrás.
— No importa hacer un largo paréntesis para seguir después adelante.
Le dijo susurrando con una leve sonrisa.
— Descansar viendo la vida pasar, respirar pausadamente y caminar de nuevo a ritmo de blues.
Él la miró con ternura acariciando su blanca piel de orquídea y en ese momento sintió que se derretía como el helado de chocolate que tenía delante. “Te quiero” dijeron sus ojos, pero sus labios callaron igual que veinte años atrás. Por eso no la volvió a ver.»
Carmen Romero
